Sebastián Piñera, el mejor gobierno menos querido

“Yo no vengo a que me quieran sino a ser eficiente”

por Mónica Mullor

imagespiñeraEste 21 de mayo, de acuerdo al mandato constitucional y siguiendo una vieja tradición, el Presidente de Chile, Sebastián Piñera, presentó su última rendición de cuentas sobre el estado de la nación. Fue su mejor y su peor discurso, pero fue, ante todo, fiel a la figura de un presidente que desde el comienzo le dijo a sus colaboradores: “Yo no vengo a que me quieran sino a ser eficiente”. Y así ha sido, el suyo es el mejor gobierno menos querido de la historia de Chile.

crecimiento acumulado PIB 2012-2013

Uno de los periodistas chilenos más perspicaces, Héctor Soto, escribió al respecto: “Si las cifras fueran argumentos y la acumulación de evidencias un buen método para forjar convicciones, el de ayer estaría entre los mejores mensajes presidenciales. Pero no lo fue. El Presidente más que contactarse con la ciudadanía habló para sí mismo y para congratularse de lo mucho que ha hecho … El suyo ha sido un gran gobierno en términos de logros y realizaciones y fue eso –ni más ni menos– lo que quiso decir.”

La evaluación de la alocución presidencial de más de dos horas depende de la perspectiva con que se la mire. Fue uno de los peores discursos de Sebastián Piñera por su falta de emocionalidad, lo que no deja de llamar la atención si uno toma en consideración la gran cantidad de temas en los que el presidente, fácilmente, pudiese haber hecho saltar las lágrimas del público: el terremoto-tsunami de 2010; los apabullantes éxitos de la reconstrucción; el famoso rescate de los mineros; los esfuerzos por combatir la pobreza y sus éxitos; la política promujer; etc.

images12Tampoco hubo momentos retóricos de empatía, de esos que toman ejemplos cotidianos, levantan encuentros con ciudadanos comunes o explotan el dolor ajeno. Nada de ello coloreó esta sobria cuenta pública. Ni siquiera dramatizó la coyuntura política en términos de amenazas o encrucijadas dramáticas, cosa nada difícil de hacer apuntando al cuestionamiento radical del “modelo chileno” tan difundido entre sectores juveniles o a la perspectiva del advenimiento de un nuevo gobierno de Michelle Bachelet con claras veleidades populistas.

Fue, simplemente, un discurso carente de emocionalidad y “actualidad política”. Pero por ello mismo fue también el mejor de Sebastián Piñera. No fue escrito para la contingencia sino para la permanencia. Para apreciarlo deberá ser leído con unos años de distancia, cuando la obra realizada cobre toda su magnitud y se pueda comparar con gobiernos posteriores. En ese sentido será como un buen vino que madura con el tiempo.

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