La elección presidencial y el enigma chileno

“El dilema de Michelle Bachelet será, guardando las proporciones, similar al que un día enfrentó Salvador Allende: gran parte de su base de apoyo tenderá a desbordarla exigiendo una radicalización que, de llevarse a cabo, terminaría poniendo en peligro la estabilidad y muchos de los logros alcanzados con tanto esfuerzo por Chile”.

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¿Qué se juega el 15 de diciembre?

Invitado especial, Claudio Oliva Ekelund, columnista de El Mercurio de Valparaíso.( 8 de diciembre de 2013) 

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Entre las no pocas falsedades que, abusando de su credibilidad, ha expresado Michelle Bachelet en el curso de la campaña que está llegando a su fin, una de las más burdas es la que se refiere al modo en que plantea lo que se juega en esta elección. Según ella, un triunfo de Evelyn Matthei significaría que el país siguiera tal como está, mientras el suyo conduciría a que se efectuaran los cambios que Chile necesita.

¿Tiene aquello algún sentido? A mi juicio, ninguno.

Tal vez Bachelet quiera decirnos que un gobierno de Matthei sería uno de estricta continuidad respecto del actual. Pero ocurre que si algo no ha hecho el Presidente Piñera es dejar que el país “siguiera tal como estaba”. Chile ha progresado mucho en estos años, de hecho, bastante más de lo que lo hizo con Bachelet.

Por mencionar algunos ejemplos, durante los primeros tres años del actual gobierno las remuneraciones del 10% más pobre aumentaron, según la Universidad de Chile, un 77% por sobre la inflación, mientras en los cuatro de Bachelet lo habían hecho un 26%, es decir, apenas la tercera parte. Si en 2009 unos 4,5 millones de chilenos salieron de veraneo, en 2013 lo hicieron aproximadamente 8,5 millones, o sea, casi el doble. Con el Crédito con Aval del Estado vigente en la época de Bachelet, un egresado de medicina que hubiera financiado sus estudios por esa vía debía destinar, en promedio, la cuarta parte de sus ingresos mensuales a pagar su deuda; con las reformas introducidas por Piñera esa cantidad se redujo a la décima parte de esos ingresos. En marzo de 2010 había una lista de espera con nada menos que 380.000 intervenciones teóricamente garantizadas por el plan AUGE retrasadas más allá del plazo establecido; para noviembre de 2011 ya no había ninguna. En el período de Bachelet el postnatal duraba tres meses; ahora se extiende por seis.

Chile tiene todavía mucho que mejorar, especialmente en ámbitos como la educación, la salud, las pensiones y la regionalización. Pero lo previsible es que con Matthei tales asuntos sean abordados con sensatez y que el país continúe avanzando al ritmo nada despreciable al que lo ha hecho en estos años simultáneamente en los planos económico, social, político y valórico.

En cambio, el programa de Bachelet está trufado de medidas electoralistas que buscan, en muchos casos, halagar a grupos de presión con capacidad de movilización o al electorado situado más a la izquierda, que ofrecen un serio riesgo de entrabar, de modo que puede ser luego muy difícil de revertir, la aptitud de nuestro país para seguir volviéndose, a la vez, más libre, próspero y justo.

El Mercurio de Valparaíso, 8 de diciembre de 2013

Chile elige su futuro

HISPANOAMÉRICA 2013-12-02
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El muy anunciado tsunami Bachelet, que arrasaría en las elecciones del pasado 17 de noviembre, no fue tal. Sabemos que habrá segunda vuelta presidencial y será entre dos mujeres.

Sin embargo, no puede desconocerse que la candidata de laConcertación y el Partido Comunista obtuvo un contundente resultado: un 46,69 por ciento de los votos y una apreciable ventaja sobre Evelyn Matthei, la representante del centroderecha (Alianza por Chile), quien obtuvo un 25,01 por ciento, logrando así su meta de forzar una segunda vuelta y ganarse de esa manera la posibilidad de confrontarse directamente con Bachelet, quien, mientras pudo, esquivó todo debate directo con Matthei.

En fin, todo de nuevo… pero con una Bachelet que parece menos invencible, ya que no podrá seguir con la estrategia de hermetismo y de rehuir los debates, como en la primera vuelta, cuando había nueve candidatos. La Madrina tendrá esta vez que ganar por lo que quiere realizar, por sus propuestas concretas, y no por la magia de su sonrisa, siempre lista para tapar la vaguedad de sus promesas, ni por la calidez de su supuesta cercanía con la gente, ni por la magia de los abrazos que reparte por doquier. La populista perfecta tendrá ahora que enfrentarse a lo que es su gran debilidad como candidata: el debate de verdad, donde mostrar conocimientos y argumentos sólidos para defender su proyecto de refundar Chile.

La confrontación entre estas dos mujeres será muy directa. Un cara a cara con Evelyn Matthei puede tener un efecto potente porque obligará a la candidata de la Concertación y el Partido Comunista a poner las cartas sobre la mesa: ¿está por o contra el exitoso modelo actual de desarrollo chileno? ¿Por qué gastar los ingresos públicos en dar educación universitaria gratuita a aquellos que la pueden pagar, existiendo en el país otras necesidades urgentes? ¿Está por la Asamblea Constituyente o dirá, una vez más, que ya verá? ¿Cuáles serían las consecuencias para el crecimiento y el empleo de la gran reforma tributaria que propone, basada en subir radicalmente los impuestos a las empresas?

La tarea de Evelyn Matthei es muy cuesta arriba, pero las semanas adicionales que se ha ganado al pasar a segunda vuelta representan una gran oportunidad. Matthei es economista y exministra del Trabajo. Defiende la continuidad del exitoso modelo económico chileno, promete mayores fiscalizaciones para evitar los abusos (tan comunes en los tiempos de Bachelet como presidenta), un mayor control de la delincuencia y hacer una reforma tributaria sólo en caso de ser necesario. Quiere reformar la Constitución pero no refundar Chile, como proponen los autodenominados “progresistas”, y lo quiere hacer evolutivamente, al estilo de los paises con democracias avanzadas y no al estilo del asambleísmo constituyente tan común en América Latina. Propone mantener el crecimiento económico y con ello la creación de más y mejores puestos de trabajo, con el consiguiente aumento de los sueldos de los trabajadores. Quiere, en suma, hacer cambios pero sin afectar la continuidad de lo esencial, el sistema de economía abierta de mercado que tantos beneficios ha reportado a los chilenos.

Esto es lo que Chile se juega el 15 de diciembre. Ojalá que sepa elegir la consistencia y la continuación del progreso en vez de la demagogia y las aventuras grandilocuentes. Si alguien es capaz de dejar a la Madrina con los crespos hechos, esa persona se llama Evelyn Matthei.

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