América Latina. Chile, el conflicto Mapuche

El problema es la tierra. Es eso lo que “duele”.

volcan1 La violencia en la región de la Araucanía continuará mientras el tema de la tierra no esté de verdad sobre la mesa de negociación.

El brutal crimen que terminó con la vida de los agricultores Luchsinger-Mackay en Vilcún es un atentado que se suma al espiral de violencia que afecta a la zona sur de Chile. El clima de violencia en la zona no es nuevo, sí lo es su intensidad. Ya son ocho los atentados incendiarios en lo que va del año.

Estos graves hechos, no solo ponen de manifiesto  la necesidad de restablecer el orden público, sino de reconocer que la tardía Ley Indígena promulgada en 1993, tendiente a reconocer y preservar los pueblos indígenas que componen la sociedad chilena, no ha sido suficiente. No lo ha sido porque estos cambios se han considerado “concesiones” hacia un pueblo que por lo general se desprecia y se mira en menos.

Es hora de sincerarnos, de atreverse a decir que la base del conflicto mapuche nace de un hecho de violencia, de conquistados y conquistadores chilenos, quienes tras la Independencia en vez de reivindicar a sus pueblos originarios optaron por someter al único pueblo que fue capaz de resistir a los conquistadores españoles. El conflicto mapuche nunca se ha querido tomar en serio. El problema es la tierra y todo “lo otro” que se haga (programas sociales, reconocimiento constitucional, cupos en el parlamento, etc.) puede ser muy necesario, pero no toca el fondo de la disputa.

Es cierto que no existe una fácil solución. Sin embargo, urge acabar con los discursos que no pasan de ser buenas intenciones y de otros que pretenden mostrar superioridad moral respecto de los que no opinan como ellos. Aquellos que sostienen que la actividad terrorista en el sur de Chile representa el mundo mapuche no sólo contribuyen a estigmatizar injustamente a muchas personas inocentes, sino que caen en el gran error de reducir el viejo conflicto mapuche a un problema netamente de terroristas. La cuestión de la existencia y reconocimiento de las minorías trata de procesos altamente complejos que no pueden resolverse exclusivamente en el nivel jurídico nacional.

Un buen comienzo sería el reconocimiento del pueblo mapuche como “minoría étnica” según la declaración de las Naciones Unidas. Podríamos sacar experiencia de la abundante bibliografía existente en EE.UU, sobre el reconocimiento de minorías de los pueblos originarios. También sería interesante el estudio de la historia del pueblo Sami, cuyo territorio geográfico abarca partes de Suecia, Noruega, Finlandia y la península de Kola en Rusia y que durante mucho tiempo fue un pueblo oprimido y su cultura en peligro de extinción. En la actualidad, su posición con respecto a la sociedad mayoritaria es más fuerte que la de casi todos los demás pueblos indígenas del mundo.

Hay que evitar debates estériles. No hay justificación alguna para los crímenes y aberraciones cometidos, lo que no podemos seguir haciendo es seguir contándonos un cuento sobre un conflicto que lleva más de  un siglo.

Referencias:

– Minorías: existencia y reconocimiento.
Documento de trabajo presentado por José Bengoa

– Derechos de las minorías: Normas internacionales
y orientaciones para su aplicación.

El pueblo Sami de Noruega

El Pueblo Sami de Suecia
El Pueblo Sami de Finlandia

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